Un informe de la Fundación Jubileo advierte sobre el agotamiento de los campos gasíferos y el impacto del congelamiento de precios internos. Si el país se ve obligado a importar para abastecer la demanda, deberá pagar valores internacionales que multiplican los costos actuales.
Bolivia enfrenta un escenario de alta complejidad en su sector de hidrocarburos debido a una caída del 55% en la producción de gas natural durante los últimos once años. A pesar de este retroceso estructural, derivado del agotamiento de los principales campos y de la falta de nuevas inversiones, el Estado boliviano mantiene un esquema por el cual subvenciona el 79% del precio del gas que consumen las industrias y las centrales termoeléctricas locales.
De acuerdo con un análisis técnico presentado por la Fundación Jubileo, el precio de referencia del gas natural para el mercado interno debería situarse en 6,05 dólares por millón de unidades térmicas británicas (MMBTU), cifra que equivale al Precio de Paridad de Exportación (PPE). Sin embargo, el sector industrial y las termoeléctricas abonan una tarifa regulada de apenas 1,3 dólares por MMBTU. La diferencia restante de 4,8 dólares por MMBTU es absorbida en su totalidad por las arcas estatales, lo que significa que los usuarios de estos segmentos solo cubren el 21% del valor económico real del recurso.
El informe institucional señala que, mientras el país mantenga saldos exportables, el PPE debe ser la métrica de valoración regulatoria, dado que representa el ingreso que el Estado deja de percibir al volcar esos volúmenes al consumo doméstico. Asimismo, la política de subsidios generalizados permite sostener algunos de los combustibles más baratos de Sudamérica, un modelo que hoy exhibe una dependencia directa de crecientes importaciones y de la disponibilidad de divisas extranjeras.
La investigación advierte sobre un cambio radical en la matriz económica si la tendencia declinante se profundiza y Bolivia agota su capacidad de exportación, lo que obligaría a iniciar la importación de gas natural para cubrir el abastecimiento interno. Bajo ese potencial esquema, el país se vería forzado a competir de manera directa con compradores globales como Brasil, Chile o India para adquirir gas de origen argentino o Gas Natural Licuado (GNL).
Para dimensionar el impacto financiero de este escenario de importación, la Fundación Jubileo tomó como referencia los indicadores del mercado internacional registrados entre el 6 y el 10 de julio de 2026. Durante ese período, los contratos a futuro de GNL para el mercado asiático se posicionaron en 16 dólares por MMBTU y el mercado del noroeste europeo se tasó en 14,43 dólares por MMBTU, mientras que el mercado spot de entrega inmediata escaló hasta los 18 dólares por MMBTU, valores que superan ampliamente los precios vigentes dentro de la economía boliviana.




