El gobierno de Donald Trump incrementó la liberación de las reservas de emergencia de crudo a un ritmo superior al de la gestión anterior, presionado por el alza en los precios de la gasolina de cara a las elecciones de mitad de mandato y por la crisis energética global derivada de la guerra con Irán.
La Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos (SPR, por sus siglas en inglés) disminuyó un 10 % desde el inicio del conflicto bélico con Irán, ubicándose en 374 millones de barriles, el nivel más bajo registrado desde julio de 2024. Para contener el descontento de los votantes ante los altos precios del combustible, la administración actual superó la velocidad de liberación de crudo de la gestión de Joe Biden. Los niveles remanentes en la reserva se aproximan a los mínimos históricos de principios de la década de 1980, una época en la que la economía estadounidense poseía dimensiones menores y un menor consumo energético.
El uso de estas medidas de emergencia responde directamente a la crisis de suministro provocada por la guerra con Irán y la parálisis en el transporte marítimo global. El cierre efectivo del estrecho de Ormuz a finales de febrero representó la pérdida de más de 1.200 millones de barriles de crudo en el mercado internacional, según datos de S&P Global Energy. Para mitigar este déficit, la SPR liberó un récord de 9,9 millones de barriles (un 2,6 %) solo en la semana finalizada el 15 de mayo, encadenando dos semanas consecutivas de caídas en niveles máximos históricos.
La utilidad de la SPR, distribuida en cavernas salinas subterráneas en Texas y Louisiana, está diseñada históricamente para escenarios de guerra, huracanes o interrupciones graves de suministro. En 2022, el gobierno de Biden recurrió a este mecanismo tras la invasión rusa de Ucrania, cuando la gasolina superó los US$ 5 por galón, reduciendo las existencias de 638 millones de barriles en enero de 2021 a un mínimo de 347 millones de barriles en julio de 2023. El actual uso intensivo por parte de la Casa Blanca contrasta con las críticas expresadas por el propio Trump a fines de 2022, durante el lanzamiento de su campaña presidencial en Mar-a-Lago, cuando acusó a su predecesor de vaciar las reservas con fines electorales.
Aproximadamente la mitad del crudo liberado por Estados Unidos durante abril y mayo se destinó a la exportación debido a la demanda de países de Asia y Europa, afectados por el bloqueo en el golfo Pérsico. Helima Croft, directora global de estrategia de materias primas de RBC Capital Markets, señaló que el proceso de desbloqueo del estrecho de Ormuz tomaría cerca de seis semanas incluso si se lograra un acuerdo inmediato, lo que mantendrá la presión sobre los inventarios durante el verano y expone a Europa al riesgo de racionamiento.
En el mercado interno, las reservas comerciales de petróleo también registran una contracción rápida, con especial énfasis en el centro de almacenamiento de Cushing, Oklahoma, punto de referencia para los futuros del crudo West Texas Intermediate (WTI). Los inventarios en Cushing cayeron de 33 millones de barriles a cerca de 24,5 millones en un lapso de siete semanas, una cifra cercana al límite mínimo operativo de 20 millones de barriles requerido para evitar la acumulación de sedimentos en el fondo de los tanques.
Frente a la vulnerabilidad de los inventarios comerciales y de emergencia, analistas evalúan la posibilidad de que el gobierno aplique restricciones o prohibiciones a las exportaciones de crudo para abaratar el combustible doméstico. No obstante, la Casa Blanca descartó que la medida se encuentre bajo consideración, mientras expertos del sector advierten que un veto exportador desestabilizaría el sistema energético internacional. Matt Smith, analista principal de petróleo de la firma Kpler, argumentó que las propias dinámicas de mercado detendrán las ventas al exterior: la caída de las existencias en Cushing estrechará el diferencial de precios entre el crudo WTI y el Brent, restando atractivo comercial al petróleo estadounidense para los compradores extranjeros.
La reducción sostenida de los inventarios estatales implicará que las autoridades norteamericanas deban reabastecer la SPR a mediano plazo, una demanda regulatoria que mantendrá una presión alcista sobre las cotizaciones internacionales del petróleo.




