El conflicto en Irán provoca una interrupción del suministro sin precedentes, reduciendo los inventarios globales a niveles críticos y amenazando con nuevos picos en los precios del crudo.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) lanzó una dura advertencia en su último informe mensual publicado este miércoles: el mundo está consumiendo sus reservas de petróleo a un ritmo récord. Esta situación es el resultado directo de la interrupción del suministro provocada por la guerra en Irán, un conflicto que mantiene en vilo a los países importadores y amenaza con desatar futuras escaladas en los precios del crudo.
Según los datos técnicos del organismo, las existencias mundiales de petróleo sufrieron un desplome de 246 millones de barriles entre los meses de marzo y abril, situándose actualmente en un total de 7.900 millones de barriles. Para dimensionar la magnitud del fenómeno, la AIE indicó que el consumo diario de los inventarios durante abril equivalió, aproximadamente, al gasto energético combinado de Canadá y el Reino Unido.
El impacto en el Estrecho de Ormuz y la destrucción de la demanda
La crisis tiene su epicentro logístico en el estrecho de Ormuz. Las pérdidas de suministro en esta vía estratégica ya superan los 1.000 millones de barriles, lo que ha forzado una “destrucción de la demanda” a nivel global. Ante el vertiginoso aumento de los precios y la baja disponibilidad del recurso, tanto hogares como empresas se han visto obligados a recortar su consumo de manera drástica.
Este fenómeno ha llevado a la AIE a ajustar sus proyecciones anuales. La agencia estima ahora que la demanda mundial de petróleo para este año será de 104 millones de barriles diarios, lo que representa una caída de 1,3 millones de barriles al día respecto a los pronósticos realizados antes del estallido del conflicto bélico.
Sectores más afectados: petroquímica y aviación
El informe destaca que las “pérdidas más pronunciadas” se localizan en el sector petroquímico. La falta de petróleo y gas natural está afectando la fabricación de productos esenciales para la economía global, incluyendo plásticos, fertilizantes y suministros farmacéuticos.
Por otro lado, la industria de la aviación también refleja las secuelas de la crisis. El número de vuelos a nivel mundial permanece muy por debajo de sus niveles habituales. Aunque esta parálisis ha ayudado a aliviar la presión sobre el combustible para aviones —cuyo valor llegó a triplicarse tras el cese de exportaciones desde Medio Oriente—, es un síntoma claro del fuerte repunte de precios que sostiene la actual recesión energética.
Mientras las imágenes de balancines de bombeo operando en yacimientos como la Cuenca del Pérmico en Texas ilustran el esfuerzo por mantener la producción, la AIE insiste en que la rápida reducción de los inventarios, en un contexto de interrupciones continuas, es el preludio de una inestabilidad de precios que aún no ha alcanzado su techo.




