El crudo Brent retrocedió un 1,42% hasta los $104,55 por barril tras el hundimiento de dos buques comerciales cerca del estrecho de Ormuz, mientras el Pentágono elabora opciones de ataque contra objetivos iraníes que contemplan el uso de la bomba GBU-43/B.
En paralelo, la cotización del West Texas Intermediate (WTI) avanzó un 0,76% situándose en $95,81. Frente a la inestabilidad y el encarecimiento global de los combustibles, la Casa Blanca evalúa permitir el transporte de petróleo legal en embarcaciones sancionadas pertenecientes a la flota paralela. La decisión de no ordenar nuevas ofensivas antes de las elecciones del 3 de noviembre fue anunciada por el presidente Donald Trump, mientras el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, abogó por combinar la preparación militar con negociaciones.
En el plano económico interno estadounidense, el 96% de los votantes republicanos reconoce una crisis de asequibilidad impulsada por el costo de los alimentos, la gasolina y la atención médica, factor explotado en estados clave por candidatos demócratas como James Talarico en Texas. En tanto, David Zervos, asesor del secretario del Tesoro, cuestionó las previsiones del Fondo Monetario Internacional sobre la sostenibilidad de la deuda pública de Washington debido a sus errores pasados para anticipar grandes crisis.
En Europa, el fracaso del alto el fuego energético anunciado por la Casa Blanca derivó en nuevos ataques rusos con drones contra la infraestructura eléctrica ucraniana y la reanudación de las ofensivas de Kiev contra refinerías en Rusia. El presidente Volodymyr Zelenskyy confirmó el reinicio de los operativos y criticó el acercamiento entre Estados Unidos y Rusia tras un acuerdo de suministro de diésel. Ante las acusaciones por restricciones en la red de comunicaciones satelitales Starshield utilizada por las fuerzas ucranianas, Elon Musk aclaró que dicha tecnología está bajo control operativo directo del Gobierno de Estados Unidos.




