La propuesta del candidato del Partido Liberal contempla la venta de activos puntuales de la estatal, el retorno al régimen de concesiones en subastas de crudo y un mayor espacio para el capital privado, en contraste con el modelo estatista de Luiz Inácio Lula da Silva.
Una eventual victoria de Flávio Bolsonaro en las elecciones de octubre de 2026 modificaría el rumbo de Petrobras y del sector de hidrocarburos en Brasil. Mientras que el programa de gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva posiciona a la petrolera como el eje central del desarrollo energético nacional —tras la privatización de Eletrobras en 2022—, la compañía estatal ni siquiera es mencionada en el plan formal del postulante del Partido Liberal (PL).
En materia regulatoria, el candidato del PL declaró en junio de 2026 su intención de reemplazar el sistema de reparto de producción por el de concesión en las subastas de petróleo para acelerar la contratación de bloques, con foco en el potencial exploratorio del presal en el margen ecuatorial. Esta postura choca directamente con el modelo implementado por Lula en 2010 para las cuencas de Santos y Campos, el cual garantiza la participación directa del Estado, y contra el proyecto de ley 4.184/2025 impulsado por legisladores petistas y la Federação Única dos Petroleiros (FUP) para aplicar el régimen de reparto a la franja ecuatorial.
La postura de Flávio Bolsonaro respecto a los activos estatales muestra matices frente a declaraciones previas. Aunque en 2022 respaldó la privatización total de la compañía durante la gestión de su padre, Jair Bolsonaro, en 2026 limitó esa posibilidad a empresas y unidades específicas dentro del holding. Su plataforma plantea modernizar el parque de refinación y fomentar la producción nacional de fertilizantes sin la intervención directa de Petrobras, una orientación técnica respaldada por un equipo económico que incluye a Daniella Marques, Adolfo Sachsida, Adriano Pires y Alexandre Chequer.
El enfoque liberal proyecta una reducción del rol de Petrobras como operador hegemónico en el segmento del gas natural, abriendo la infraestructura de transporte, procesamiento y comercialización a productores independientes mediante una aplicación estricta del Nuevo Mercado de Gas. Asimismo, una agenda centrada en la rentabilidad financiera y la distribución de dividendos recortaría el alcance de los programas de contenido local y las contrataciones navales ejecutadas a través de Transpetro, esquemas prioritarios para la administración actual.
Este planteamiento revierte las directrices fijadas por Lula en 2023, cuando suspendió el plan de desinversión que preveía la venta de ocho refinerías —cuatro de ellas transferidas durante el gobierno anterior—, reactivó las inversiones en plantas de fertilizantes, aumentó el factor de utilización de las instalaciones para reducir importaciones y canceló la política de precios basada en la paridad de importación (PPI) en favor de referencias del mercado interno.




