Neuquén redujo más de un 50% el uso de agua en el fracking

Según el secretario neuquino de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Ricardo Esquivel

A dos años de las primeras estimulaciones hidráulicas en desarrollos de hidrocarburos no convencionales en la provincia, las operadoras alcanzaron un significativo ahorro hídrico. Hoy sólo consumen entre 1.200 y 1.500 de los 3.000 metros cúbicos que inicialmente utilizaban en cada etapa del fracking.

Las prácticas implementadas en la puesta en valor de los yacimientos convencionales no difieren sustancialmente de las llevadas a cabo en los no convencionales. No obstante, estas últimas requieren más agua durante la estimulación hidráulica que se necesita para inducir fracturas, técnica conocida como fracking, criticada por movimientos ambientalistas. “Por eso, a la hora de promover el cuidado ambiental en el segmento hay que poner el foco en la protección de los recursos hídricos”, apunta Ricardo Esquivel, secretario de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Neuquén, la provincia que alberga Vaca Muerta, el mayor reservorio nacional de hidrocarburos no convencionales descubierto hasta la fecha.
Según sus palabras, el cuidado del agua constituye una de las mayores preocupaciones a nivel provincial. “Prueba de ello fue la sanción en 2012 del Decreto 1.483, que prohíbe el uso de aguas subterráneas para el desarrollo de recursos hidrocarburíferos no convencionales, además de establecer una priorización de los recursos hídricos superiores en las etapas correspondientes de perforación y estimulación hidráulica”, detalla.
En ese sentido, indica que Neuquén está exigiendo a las petroleras que cuenten con tecnología adecuada para el tratamiento y acondicionamiento del agua de retorno una vez que comienza la fase de producción. “La idea no es solamente optimizar el consumo del agua, sino también promover los principios de reuso y reciclado en la industria”, señala.
Asimismo, su cantera está fomentando el uso de caminos preexistentes y de locaciones que ya estén construidas, con dimensiones conservadoras para albergar las instalaciones que correspondan a cada uno de los desarrollos. “Ya estamos viendo resultados más que interesantes. De hecho, las primeras estimulaciones hidráulicas demandaban 3.000 metros cúbicos (m³) en cada etapa, mientras que hoy se están usando entre 1.200 y 1.500 m³. Con menos de dos años de experiencia en el rubro, se han reformulado los paquetes de fractura, tendiendo a un uso más racional del agua y a un menor impacto ambiental en su transporte”, destaca.

Ventajas comparativas

Además de aprender de las experiencias registradas en el desarrollo hidrocarburífero no convencional en Norteamérica para elegir los mejores criterios de acción y las más modernas normativas a implementar, Esquivel resalta una serie de ventajas comparativas que Neuquén posee como sede de esta clase de explotaciones. “Disponemos de un parque tecnológico de punta, personal capacitado, formación universitaria e instalaciones y equipos similares a los que se emplean en Estados Unidos y Canadá. Y a diferencia de lo que ocurre en países más desarrollados, en nuestra provincia no permitimos el vuelco de los efluentes que provienen de la actividad hidrocarburífera bajo ninguna condición (ni el vuelco a cuerpos receptores hídricos superficiales y a suelo)”, comenta.
Aunque admite que en toda actividad hay riesgo, sostiene la importancia de procurar que la brecha entre la posibilidad y la ocurrencia de una contingencia o situación de impacto ambiental esté cada vez más cerca del “riesgo cero”. “Por eso venimos impulsando el desarrollo sostenible de las instalaciones, con el objetivo de que sean lo más aptas posible y se tomen todos los recaudos en su diseño y construcción”, acota.
En estas tareas, la Secretaría de Ambiente neuquina trabaja codo a codo junto con las áreas de inspección de la Subsecretaría de Hidrocarburos, la Dirección Provincial de Recursos Hídricos y la Secretaría de Ambiente, además de los organismos de control (ya sea el Comité Interjurisdiccional del Río Colorado –Coirco–o la Autoridad Interjuris-diccional de Cuencas –AIC– de los ríos Limay, Neuquén y Negro) y los municipios. “Aunque tenemos misiones, funciones y competencias distintas, todos entendemos que a las empresas les tiene que llegar una sola voz de conducción; es decir, una sola voz de remediación y reparación de instalaciones. Por eso trabajamos corporativamente con los diversos técnicos de cada organismo, establecemos planes estratégicos para la fiscalización y el control, elaboramos inventarios de instalaciones o suelos afectados, etc. Conformamos, en definitiva, un gran equipo provincial”, sintetiza.

Nuevas exigencias

Con la sanción en 2008 de la prórroga de las concesiones petroleras, Neuquén no sólo obtuvo reivindicaciones de índole económica (al elevar los niveles de regalías), sino que también impuso a las empresas nuevos requisitos de cuidado ambiental. “Establecimos criterios de saneamiento de sitios impactados por la actividad, además de avanzar con el diseño de un inventario y de un cronograma para la ejecución de los trabajos”, precisa Esquivel.
Desde la estipulación de estas exigencias hasta la actualidad, detalla, ya suman más de 550.000 los m³ de suelos saneados. “Se trata de alrededor de un 45% del volumen inventariado en un primer momento, más allá de que continuamente se van incorporando nuevos sitios o zonas afectadas que antes no se habían descubierto”, apunta.
En su opinión, en los últimos años se establecieron nuevas reglas vinculadas con la reivindicación de los principios federales para captar inversiones e incentivar la implementación de las más modernas tecnologías en la explotación de los yacimientos. “En este contexto, las empresas han comenzado a dar respuestas a las autoridades de aplicación, al considerar el cuidado ambiental y la seguridad más una inversión que un gasto”, remarca.
Neuquén está viviendo, a su entender, un proceso de cambio sumamente favorable que debe profundizarse aún más. “Queremos que la protección ambiental no solamente esté en la visión gerencial de los cuerpos directivos, sino que también llegue a los cuerpos gerenciales, a los supervisores y a los operarios. Es hora de tomar conciencia de que el cuidado del ambiente es una responsabilidad de toda la sociedad, y no exclusivamente de las autoridades”, concluye. ℗

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