La falta de profesionales y técnicos comienza a frenar el crecimiento de la industria

Visiones de dos encumbrados científicos de la Argentina

La Argentina sufre hoy un problema estructural que complicará el desarrollo industrial a futuro: la falta de profesionales y técnicos provenientes de las ciencias duras. Escasean ingenieros, geólogos, físicos y químicos, entre otras especialidades, las más demandadas por las empresas del sector industrial. Diagnósticos de los expertos para revertir la situación.

Destruir es más fácil que construir, dice el proverbio popular, que quizás sirva para explicar un problema que aqueja a las industrias en general: la falta de recursos humanos capacitados. Es que si bien la actividad productiva registró una fuerte recomposición en la última década, los resortes que impulsan la formación académica de nuevos profesionales continúan oxidados. Los números están a la vista: en la Universidad de Buenos Aires (UBA), la mayor casa de estudios del país, apenas se incorporan 120 estudiantes de química -una de las carreras más solicitadas por las empresas- por año, una tercera parte de los que se inscribían a fines de los ‘60, cuando se anotaban 350. En la década del ‘90, cuando se registró un fuerte proceso de desindustrialización en el país, la cantidad de inscriptos bajó a su mínimo histórico: 60 por año.

Quizás por eso Jorge Aliaga, decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, pone tanto énfasis en la necesidad de que exista un proyecto productivo nacional que le dé sentido a la formación científica. “Hacer ciencia sólo porque es linda o interesante no es suficiente. Creo que nuestras carreras tienen sentido si están asociadas a proyectos de desarrollo a nivel nacional, porque es la demanda de tecnología la que genera puestos de trabajo y, por consiguiente, más egresados”, señaló el físico en diálogo con Revista Petroquímica, Petróleo, Gas & Química.

Los ‘90 marcaron un quiebre en cuanto a los paradigmas científicos. Las causas que originaron el descenso de la currícula de las carreras denominadas ‘duras’, como Física, Química y Matemáticas, y las ingenierías, son varias. “Pero uno de los aspectos fundamentales es el mensaje de devaluación del esfuerzo que se bajó desde la cúpula del Estado en esa época. Si una ingeniera, funcionaria pública (en alusión a María Julia Alsogaray, secretaria de Ambiente durante el menemismo), aparece desnuda en una tapa de una revista, el mensaje que les estamos bajando a los estudiantes es equivocado”, cuestionó Faustino Siñeriz, vicepresidente de Asuntos Tecnológicos del CONICET.

De vuelta a la actualidad, los científicos coinciden en que el desafío actual tiene que ver con acercar nuevamente a los jóvenes al universo de las ciencias duras. “Cuentan con la ventaja”, señalan. Hoy existe una gran demanda de estudiantes y profesionales por parte del mundo empresarial. “Nos están faltando químicos e ingenieros en sus distintas variables, mecánica, electrónica e industrial. Lo bueno es que cuando los jóvenes perciben que se puede vivir trabajando en el área técnica aumentan las inscripciones”, resaltó Aliaga.

Recetas

Entre las iniciativas desplegadas por las instituciones académicas para atraer a nuevos estudiantes, Siñeriz indicó que “el CONICET, a través de sus institutos, está trabajando con escuelas secundarias para difundir las potencialidades de las ciencias duras. Incluso estamos trabajando en un programa conjunto con el Banco Francés que apunta a captar jóvenes interesados en la ingeniería”, agregó el directivo, que está a cargo de las investigaciones de diferentes ramas de la ingeniería dentro del CONICET.

A su vez, dicha entidad coordina con los ministerios de Ciencia y Tecnología, a cargo de Lino Barañao, y de Educación, de Alberto Sileoni, un programa de becas para estudiantes. Una iniciativa similar está llevando adelante con la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). “Aun así tenemos que redoblar esfuerzos, porque está claro que al país le faltan ingenieros y representantes de las ciencias duras”, añadió el directivo.

Para Aliaga, en cambio, la problemática exige soluciones en instancias anteriores. A su entender, se debe trabajar sobre la conformación de las vocaciones, un proceso que se inicia en los primeros años de la primaria. “Desde hace 10 años realizamos conferencias, charlas y eventos con alumnos de tercero, cuarto y quinto año del secundario, pero no logramos que eso repercuta en un aumento de la currícula”, explicó el decano de la UBA. “Precisamos articular con los maestros y lograr nuevas formas de enseñar matemáticas, química y física a los más chicos”, añadió.

En la actualidad, se terminan construyendo sentidos sobre las carreras ‘duras’ que las terminan alejando de las mayorías. “Son mitos que hay que cambiar. Por eso es clave intervenir en el proceso de consolidación de las vocaciones en todo el proceso educativo”, propuso Aliaga.

Ejemplo

La industria petroquímica es uno de los sectores que sufre por la escasez de recursos humanos. “Como decano percibo que en la actualidad hay una demanda muy fuerte de químicos que hoy no puede ser cubierta porque faltan egresados. Lo mismo sucede en otras profesiones, como la Geología, por ejemplo”, explicó el representante de la UBA. “Ojalá pudiéramos lograr retomar una masa estudiantil similar a la que teníamos en los ‘60, cuando la carrera de físicos y químicos estaba entre las primeras de la facultad”, agregó.

Para Siñeriz es clave que las empresas confíen en el potencial de la Argentina, en sus profesionales e instituciones. “Necesitamos que las compañías impulsen la investigación e inviertan en la formación de profesionales en el país”, advirtió.

A su entender, a veces parecería primar una especie de ‘colonialismo intelectual’ que “no nos deja confiar en nosotros mismos. Parece que lo que viene de afuera es bueno en sí mismo y lo que producimos localmente no está a la altura. Hay que cambiar esa concepción”, concluyó el directivo del CONICET.

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