La Argentina es el segundo entre los países más contaminantes de Sudamérica

Según las cifras que maneja el Banco Mundial

Posee el mayor nivel de emisiones anuales de dióxido de carbono por habitante en la región, después de Venezuela (que registra 6,9 toneladas métricas per cápita). El promedio local (4,5) más que duplica el de Brasil (2,2). Las naciones menos contaminantes son Paraguay (0,8), Bolivia (1,5) y Colombia (1,6).

Cada argentino es responsable de la emisión de 4,5 toneladas métricas (Tnm) de dióxido de carbono (CO₂) por año. Tan sólo Venezuela, con 6,9 Tnm por habitante, presenta un promedio más alto en toda Sudamérica. Así lo indica la edición 2014 del informe “World Development Indicators” del Banco Mundial (BM).
Según el trabajo, Chile completa el podio regional, con 4,2 Tnm per cápita. Luego se ubican Brasil (2,2 Tnm), Ecuador (2,2 Tnm), Perú (2 Tnm), Uruguay (2 Tnm), Colombia (1,6 Tnm), Bolivia (1,5 Tnm) y Paraguay (0,8), en ese orden.
En términos totales, la Argentina emite actualmente 180,5 millones de Tnm por año, por lo que se posiciona debajo de Brasil (419,7 millones) y Venezuela (201,7 millones), pero por encima de Colombia (75,6 millones), Chile (72,2 millones), Perú (57,5 millones) y el resto de la región.
En materia de eficiencia energética y cuidado ambiental, el país genera 2,3 kilogramos (kg) de CO₂ por cada kg de petróleo equivalente consumido. En ese sentido, iguala en el cuarto puesto del ranking a Chile y Colombia. Las naciones sudamericanas menos eficientes son Perú (3 kg de CO₂ por cada kg de crudo), Venezuela (2,7) y Ecuador (2,6). Entre las de mejor desempeño, en tanto, figuran Paraguay (1,1), Brasil (1,6), Uruguay (1,6) y Bolivia (2,1).
A nivel global, el promedio de emisiones de CO₂ por habitante se sitúa en 4,9 Tnm (0,7 Tnm más que en 1990). De acuerdo con el BM, las economías más contaminantes son –en líneas generales– las de Medio Oriente. En efecto, el listado es liderado por Qatar (con 40,3 Tnm anuales), Trinidad y Tobago (38,2 Tnm), Kuwait (31,3 Tnm), Brunei (22,9 Tnm), Aruba (22,8 Tnm), Luxemburgo (21,4 Tnm), Omán (20,4 Tnm), Emiratos Árabes Unidos (19,9 Tnm), Bahrain (19,3 Tnm), Estados Unidos (17,6 Tnm) y Arabia Saudita (17 Tnm).
Algo más relegadas, pero aun dentro de las naciones con más emisiones, se colocan Australia (16,9 Tnm), Nueva Caledonia (15,7 Tnm), Kazajstán (15,2 Tnm), Canadá (14,7 Tnm), Islas Feroe (14,3 Tnm), Estonia (13,8 Tnm), Rusia (12,2 Tnm), Noruega (11,7 Tnm), Corea del Norte (11,5 Tnm), Finlandia (11,5 Tnm), Groenlandia (11,1 Tnm), Holanda (11 Tnm), República Checa (10,7 Tnm), Islas Caimán (10,6 Tnm), Pakistán (10,6 Tnm), Turkmenistán (10,5 Tnm) y Bélgica (10 Tnm).

Vínculo clave

En la Argentina no siempre se toma en cuenta la relación entre el crecimiento económico y el consumo de energía por habitante. Para Francisco Mezzadri, ex presidente de la Cámara Argentina de Inversores en el Sector Eléctrico (CAISE) y titular de la consultora Mezzadri y Asociados, comprender dicho vínculo es clave a la hora de atender las necesidades energéticas del futuro y sus condicionamientos centrales. “La energía es uno de los factores con mayor poder de contaminación del medio ambiente, por lo que el crecimiento de su consumo está totalmente relacionado con las emisiones de CO₂ por habitante. Y en ese aspecto, la Argentina tiene mucho por mejorar”, remarca.
A su entender, si el objetivo nacional fuera converger hacia estándares europeos, la elasticidad ingreso del crecimiento en el uso de la energía deberá bajar, lo cual supone esfuerzos constantes de innovación tecnológica e inversión en eficiencia, tanto en las fuentes de energía como en la incorporación de equipos y sistemas que la utilizan.
“En comparación con naciones del Viejo Continente como el Reino Unido, Francia y Alemania, evidenciamos un elevado nivel de emisión de CO₂ a la atmósfera para nuestro grado de desarrollo, de modo que también es muy bajo el potencial de incrementar los volúmenes de emisión a medida que crezcan sus ingresos por habitante. Esta restricción deberá incorporarse en las regulaciones del Estado y en las decisiones privadas de inversión y consumo, asignando –en plazos previsibles– cargos onerosos a las emisiones”, apunta.
Asimismo, adjudica un papel protagónico a la incorporación de nuevas tecnologías en los procesos de inversión y a la organización de una nueva concepción política y económica del fenómeno de la energía. “Debe superarse todo tipo de pasividad en la materia”, precisa el experto, quien remarca que Alemania y Francia utilizaban –en 2009– poco más del doble de la energía por habitante que la Argentina. “Sin embargo, el ingreso por habitante de esos países supera en más de cuatro veces el nuestro. Si las exigencias sobre la calidad de la energía se midieran por el grado de afectación del país al medio ambiente, el razonamiento sería similar”, concluye.

Alcance global

A través de su informe “World Development Indicators”, el BM compila y actualiza múltiples datos vinculados con la agricultura, el desarrollo rural, el cambio climático, la economía, la educación, la energía y minería, el cuidado del medio ambiente, la deuda externa, el sector financiero, la salud, la infraestructura, el trabajo, la pobreza, la ciencia y tecnología, el transporte y los derechos sociales, entre otros tópicos, a lo largo y ancho del planeta.
Organismo especializado del sistema de las Naciones Unidas, el BM apunta a convertirse en una fuente de asistencia financiera y técnica para los denominados países en desarrollo. Su propósito declarado es reducir la pobreza mediante préstamos de bajo interés, créditos sin intereses a nivel bancario y apoyos económicos a las naciones en desarrollo.
Fue creado en 1944 y tiene su sede en Columbia, Estados Unidos. Actualmente se encuentra presidido por el coreano (nacionalizado estadounidense) Jim Yong Kim.
Está integrado por 186 países miembros. Dispone de oficinas en 109 naciones y cuenta con más de 10.000 empleados.℗

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