Danza de versiones

Incertidumbre y temores por la posible venta de Shell a YPF

La petrolera recibió ofertas por sus activos. Los dueños de estaciones advierten por la alta concentración, pero dicen que “no hay nada concreto”.

La posible venta de los activos de Shell encendió las alarmas entre los dueños de las estaciones de servicio. Entre los pretendientes está YPF, que pasaría a controlar más de la mitad del mercado de distribución de combustibles, un negocio que factura $400.000 millones anuales en ventas brutas. “Si YPF sumara las estaciones de Shell, implicaría una desventaja competitiva para los otros operadores minoristas del mercado”, resume Carlos Gold, presidente de CECHA, una de las cámaras sectoriales. Según trascendió, hay otros candidatos, como Pluspetrol, la tercera productora de crudo detrás de YPF y Pan American Energy.

De todos modos, nadie cree que la petrolera angloholandesa se desprende la operación local, que incluye una red de 628 estaciones de servicio (el 14,5% del total) y una refinería de petróleo ubicada en Dock Sud. Hace dos meses, Shell sacudió al mercado al anunciar que estaba revisando su continuidad en el país, aunque es la segunda marca del mercado, detrás de YPF y domina casi la mitad de la venta de combustibles premium. Frente a esto, Luis Navas, un alto directivo de la AES (Asociación de Estaciones de Servicio), sostiene que “es muy extraño que tenga sus activos a la venta. Shell es una marca muy fuerte, muy rentable y con mucha tradición”.

Los trascendidos indican que las ofertas oscilan entre los US$900 y US$1.000 millones. Pedro se cree que Shell buscará estirar la oferta hasta los US$1.500 millones. Entre otras cosas, la petrolera condicionó su salida a una serie de cláusulas, como mantener la marca en su red de estaciones. Y por otro lado, no está obligada a aceptar ninguna oferta, ya que el proceso no es vinculante.

El abanico de dudas es muy amplio. En el sector se preguntan, en el caso de que YPF finalmente adquiera los activos de Shell bajo esas condiciones, si podría administrar dos redes con diferentes marcas. Algunos interpretan que el objetivo de YPF es evitar la entrada de otros jugadores al mercado local. Y que en el fondo, es una medida para protegerse Frente a tanta conjetura, Gold desconfía: “hay mucho hermetismo sobre el tema y lo único que se sabe es que Shell está en un proceso de valoración de activos. Pero no hay nada concreto”. Las especulaciones giran en torno a la pérdida de rentabilidad del negocio de las estaciones. “Estamos en una situación difícil. Desde 2015 venimos afrontando un alza en los costos frente los ingresos”, dice Gold, aludiendo al desfasaje entre las subas salariales y los aumentos de combustibles. “En parte, el aumento del 8% de enero compensó y hoy estamos en situación de equilibrio, pero el futuro es preocupante”, añadió.

En última instancia, el supuesto traspaso de los activos de Shell estaría supeditado a una aprobación del Gobierno. Y en el caso de que YPF prevalezca sobre sus competidores, “algo que es improbable, estaría bajo la supervisión de Defensa de la Competencia”, sentencia Gold. En el caso de Pluspetrol, que no participa en el negocio de la venta de combustibles, no hay tantas resistencias, ya que esa petrolera pasaría a ser una compañía integrada, tal como se llaman a las que muerden en todas las etapas del proceso: producción, refinación y distribución de naftas y gasoil.

Tampoco hay mayores resistencias si el comprador fuese Axion, porque según Gold, “compensaría en parte el mercado”. De uno u otro modo, la posible decisión de Shell sobre su presencia en la Argentina con lo que hicieron varios colosos petroleros, que se desprenden de sus refinerías para reforzar sus inversiones en la exploración y producción de petróleo. Sin ir más lejos, Shell compró el año pasado (deuda mediante) a la británica BGGroup, lo que le permitió conformar el grupo de gas natural licuado más grande del mundo.

La última estadística de la AES indica que actualmente hay 4.330 estaciones de servicio funcionando. Durante 2016 cerraron 29 y abrieron 18, con lo cual el parque redujo 11 bocas en el último año. De las que quedan en pie, 1.456 son de YPF (33,6%), seguida por las denominadas blancas o independientes (tal como se conoce a las que no tienen contrato con ninguna petrolera): 999 (23%). Después aparecen Shell: 628 (14,5%), Axion/Esso: 510 (11,8%), Oil y Petrobras: 274 y 273, respectivamente, con el 6,3% de participación.

En términos generales, los dueños de estaciones evalúan que la situación se complica, pero no son tan dramáticos al trazar proyecciones. “No estamos hablando de crisis, pero estamos un tanto temerosos para lo que resta del año”, dice Gold. Por su parte, Navas subraya que “el sector está peor”, sobre todo en el segmento del GNC. Así aludió a una resolución del Ministerio de Energía, posteriormente anulada, que impedía a los estacioneros comprar el gas a precios de boca de pozo. “El precio del metro cúbico de GNC saltó de $4 a $10, lo que complicó el panorama”, agregó.

Ninguna de las complicaciones actuales se compara con lo ocurrido con el gobierno anterior. De 2005 a 2012, cerraron 2.200 estaciones debido al aumento incesante de los costos operativos (sobre todo los laborales, el principal) y las tarifas congeladas. Además, describen que el negocio de la venta de combustibles se concentró, con el auge de las grandes bocas sobre autopistas y rutas. “Ese tobogán se detuvo, el mercado se depuró y proliferaron las estaciones con marcas blancas”, señala Gold.

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