Al presidente de EEUU, Donald Trump, no le tiembla la mano al momento de avanzar con lo que había prometido durante toda su campaña electoral.

El impacto de los oleoductos de Keystone XL y Dakota Access

Como candidato, manifestaba muy claramente que haría a los Estados Unidos
 una economía independiente en energía y que se estimularía la produccion nacional de abundante carbón, petróleo y gas natural. 

Esta postura dejaba anonadados a los que creyeron que se cumplirían los acuerdos pactados en Paris de la COP 21 respecto al cambio climático, donde el presidente Obama había tenido un rol bastante protagónico.
El presidente Trump firmó dos órdenes ejecutivas para que se dé luz verde a dos oleoductos (Keystone XL y Dakota Access), que habían sido vetados por el ex presidente Obama por razones principalmente ambientales y de protección a tierras indígenas.
Adicionalmente, firmó tres órdenes ejecutivas para que se faciliten los procedimientos administrativos y ambientales para la construcción de ambos oleoductos y para que la tubería que se utilice en los mismos sea fabricada enteramente en EE.UU..
Esto en cumplimiento de su promesa de campaña de proteger a la industria y los empleos en su territorio.
El diseño del oleoducto Dakota Access tiene un recorrido de 1.890 Kms., una capacidad de transporte de 570.000 barriles por día y requiere una inversión aproximada de u$s 3.780 millones. El objetivo principal es evacuar mayor producción de shale oil de la formación Bakken en Dakota del Norte hasta el mercado y las refinerías en Illinois.
Esta medida es sin duda un gran incentivo para los frackers con licencias en la formación Bakken, que por efecto de bajos precios han visto reducidas sus actividades y nueva producción.
El costo de evacuar producción por un oleoducto para llegar a los mercados y las refinerías en Illinois es definitivamente mucho menor que hacerlo en vagones por vía terrestre o férrea. El triple impacto de este oleoducto, se corporizará en la inversión, creación de fuentes de trabajo en USA, tanto en upstream como en downstream e impuestos generados por derechos de vía.
El otro oleoducto que es el Keystone XL, con un recorrido de 1,890 Kms., capacidad para 830.000 barriles por día e inversiones de u$s 3.300 millones, y es para conectar producción de petróleo de las arenas bituminosas del norte de Alberta y llevarlas al mercado, en particular a las refinerías de Texas e Illinois.
De igual manera que en el caso del otro oleoducto, los costos de transporte por este medio son mucho menores y esto mejora las condiciones para dar continuidad a las actividades exploratorias en estas arenas bituminosas, que tienen elevados costos de producción y que se vieron fuertemente incrementadas al impulso de los elevados precios del petróleo. Pero las empresas y las actividades fueron golpeadas por los menores precios de petróleo desde mediados de 2014 y esto es lo que se trata de incentivar.
El impacto de la construcción de este oleoducto implica inversión, creación de empleos e impuestos generados en la ruta en EE.UU.
Empero, lo más significativo es que inmediatamente ha sumado el apoyo del Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau. Este último ha manifestado que esta medida representa un arrastre al crecimiento de la economía de la zona y una fuente de creación de puestos de trabajo. La renegociación del NAFTA tiene, entonces ya un aliado fundamental.
Menores costos de transporte implican mayor actividad y continuidad de operaciones en las arenas pesadas de Alberta y el shale de Dakota del Norte implica.
Esta mayor producción irá a refinerías en el área de Illinois y Texas y competirá con crudo importado de Venezuela y otros países. Para ser claros, mientras la OPEP trata de bajar producción para mejorar los precios, las iniciativas de Trump tienden a bajar los costos de transporte para incentivar una mayor producción en su territorio.
Los dos proyectos de oleoducto aún tendrán importantes batallas ambientales y legales que superar antes de su construcción y puesta en marcha.

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