Miguel Bein habla de inversión, crecimiento, salarios, empleos y precios

“En este país se ha roto más de una vez el contrato social”

Miguel Bein es uno de los economistas más reconocidos del país. Fue secretario de la Pequeña y Mediana Industria durante el gobierno de Raúl Alfonsín y secretario de Política Económica y viceministro de Economía durante la gestión de José Luis Machinea.

Alguna vez dijo que “quien no viajó años en colectivo no debería ser presidente porque no entiende a la gente”. Parece un hombre sereno y seguro de sí mismo. En todo caso, da la sensación de que temores e incertidumbres son parte de una vulnerabilidad humana que nada tiene que ver con su actividad profesional. En ese terreno, “domina el juego”, se sabe un titular indiscutido en su puesto y controla el panorama de la cancha sin correr, “porque la que corre es la pelota” en términos estrictamente futbolísticos. Sabe que los conceptos son más importantes que los datos, pero maneja números y estadísticas como nadie y se permite una sonrisa socarrona cuando se refiere a un país “siempre impredecible”, donde se ha roto más de una vez el contrato social y donde casi siempre se empieza de nuevo.
“A mí los números me apasionaron siempre. A los 4 años leía el diario y un poco después empecé a memorizar récords mundiales de atletismo o de natación. Vivo pensando en la economía”, se sincera Bein, uno de los economistas más escuchados por el establishment y el hombre cuyo pronóstico de la economía en 2016 más acertó al contrastar sus anticipos con lo que finalmente ocurrió.
Entre los que más se acercaron a la realidad de 2016 estuvo el Estudio Bein, asesor de Daniel Scioli en la última campaña presidencial, y cuya directora ejecutiva es Marina Dal Poggetto. Bein predecía una caída del 2,4%. La consultora Econométrica profetizaba una baja del 2%. El norteamericano Citigroup previó una contracción del 1,7%. Entre los más optimistas para 2016 figuraban C&T Asesores Económicos, el banco suizo Credit Suisse y el español Santander. Vaticinaban que la economía argentina crecería el 3%, 2,7% y 2,5%, respectivamente.
“Suponer que la economía iba a crecer en 2016 es no entender cómo funciona”, subraya a manera de sentencia. “Si movés el tipo de cambio 60%, las tarifas 170% y el salario 32%, es lógico que la inflación les gane a los salarios, el salario real caiga y también el consumo, que es 85% del PBI. El consumo privado es 72% del PBI. Cuando se produce una caída del 6% en el salario real, la economía inevitablemente cae. El 15% del PBI está constituido por inversión y no tiene la capacidad de traccionar la economía. Para compensar una caída del consumo de 4%, la inversión debería crecer 25%. Intentar levantar a corto plazo con la compra de equipos de producción una economía en la que el consumo pesa tanto es como tratar de pescar un tiburón con una caña trucha”, define el también economista del Banco Industrial (Bind). “Cuando trabajaste décadas con el sector privado, te das cuenta de que pensar que la recaudación iba a subir era wishful thinking (pensamiento ilusorio). La recaudación iba a caer por la baja de retenciones y porque la caída del consumo iba a impactar en el IVA y los derechos de importación”, agrega. Alguna vez la London School of Economics concluyó que las predicciones económicas fallan por tres razones. La primera, por datos o modelos erróneos. La segunda, por cambios estructurales que se dan en la evolución económica de un país o del mundo. Por último, por mala suerte o azar.
Siguiendo esa inspiración contrafáctica, pero ya no en el terreno de la ficción, Miguel Bein expuso cómo hubiera sido la economía no sólo si Scioli ganaba, sino también si se hubiera aplicado el plan que preparó y que Scioli durante la campaña exhibía para tranquilizar a los mercados. “La inversión, que es el rumbo de largo plazo, son 19 puntos del producto. Si querés hacer crecer el país solamente sobre la base de la inversión y que te compense la caída del consumo del 4%, tenés que hacer crecer la inversión 25 puntos por año. De todos modos, muchas cosas que se hicieron había que hacerlas, sabiendo que eso haría caer la economía. Uno siempre quisiera, de pronto, asumir como ministro de Economía y que ese día la Bolsa suba 25% y salir en la tapa de La Nación. Vos podés tener más confianza, credibilidad, recuperar el crédito, tocar el tipo de cambio, sincerar tarifas (era un dislate pagar cuatro puntos del PBI en subsidios en agua, luz y transporte). Eso claramente había que cambiarlo. Pero la consecuencia inmediata de eso es que el salario real cae. ¿Cómo compensás el hecho de que, al tocar el tipo de cambio, los productos que al mismo tiempo producís y exportás suban de precio? ¡El aceite, por ejemplo! Vos lo podés vender en la Argentina o en Rotterdam y vale u$s 1 la botella, sean 19 o 16 el tipo de cambio”.

Hay quienes buscan identificar al ministro Nicolás Dujovne con el mote de “ajustador”…

Dujovne es muy inteligente. Es un economista para el que lo fiscal tiene un valor importante. No es que va a venir a ajustar o hacer cosas raras. Pero siempre que viene alguien así se utiliza esa aptitud para destratarlo, ponerle el mote de ajustador, porque paga políticamente, aunque sea mentira. No es verdad. El Estado maneja un presupuesto y hay que tratar de no tirar la plata. Es un valor poco reconocido en determinados ámbitos políticos. Se tiene que gestionar bien.
Bein identifica al ministro de Economía como una suerte de “discípulo” por el que tiene mucho afecto.

¿Qué influencia tiene en la economía el “fenómeno” Trump?

Donald Trump es un accidente geográfico en Estados Unidos. Yo no estoy seguro de que Trump piense lo que dice.
El presidente electo de Estados Unidos dijo cosas en campaña sólo para conectar con las aspiraciones del 50% de Estados Unidos que siente frustración, que siente que pierde en la distribución del ingreso, que pierde su trabajo. Trump es un emergente de lo que también vemos en Europa. En todos los países hay un brote de lo que yo llamaría nacional proteccionistas. Es un mundo en el que falta demanda y sobra oferta. El comercio mundial se cerró después de la crisis de las hipotecas subprime. Yo sigo creyendo en el libre comercio, pero coyunturalmente ha dejado de dar respuesta a sectores muy amplios de la población mundial. Y la respuesta a esa falta de dinamismo y falta de oportunidades son estos movimientos xenófobos, como Trump, agregó.

Ahora hay un debate sobre si está bien que haya tantos ministerios…

Tengo que ser coherente con lo que decía hace un año. Decía que no hay que tener superministros de Economía, porque lo peor que le puede pasar al presidente es tener un pavo real en el Ministerio de Economía, compitiendo con él. Los ministros son secretarios del presidente, que deben trabajar a la par de él. Cuando no se tiene un ministro fuerte, lo importante es la coordinación. Creo que el nuevo ministro va a tener una buena coordinación con el Banco Central, más que la que tenía el ministro que se fue. La situación de la economía argentina es fácil de analizar: cayó muy fuerte el año pasado porque los salarios aumentan 32% promedio en un año, el dólar lo hace el doble, casi 64%, y las tarifas aumentan 160%. Eso define una situación en la que el dólar y las tarifas llevan la inflación para arriba y, por lo tanto, la inflación le ganó en 8 puntos al salario. Eso significó una pérdida en términos porcentuales de 5 o 6% del salario real, que no la levantás con nada, ni con confianza, ni con instituciones, ni haciéndote amigo del presidente de los Estados Unidos.

¿Cómo se protege la mesa de los argentinos? Es un país productor de alimentos y la comida está cara, ¿cómo se entiende?

No, no… En primer lugar, la mesa de los argentinos se protege duplicando la producción de trigo, de maíz, de aceite, de azúcar… Por otro lado, yo diría que los alimentos no están caros, en realidad están bajos los salarios. Ése es el tema de fondo. En economía los mensajes no se pasan de un modo crudo. Son peligrosos los dos extremos. Tanto basar la economía sólo en subsidios como aumentar los servicios de una manera brutal. Ése es el péndulo constante que ha caracterizado la política argentina y que ha generado una falta de previsibilidad, de reglas claras que permitan  avizorar “un país normal”. Lo que no se puede aceptar es que haya mucha gente con sus necesidades básicas insatisfechas. Eso es lo que lastima.

¿Cuál debe ser el rol del Estado?

El Estado debe ser básicamente regulador. Fun-damentalmente en salud, educación, seguridad y medio ambiente. Pero además debe evitar los abusos de posición dominante y tener una presencia que genere confianza en la sociedad. El mercado tiene fallas muy grandes y hay que controlarlo. El problema es cuando el Estado también quiere producir y lo único que genera es más pobreza.

¿Por qué hay que pedirles a los empresarios que inviertan, como si no  tuvieran confianza?

De lo que Argentina produce hoy por año, ¿cuánto se destina a la inversión? 6%. Es lo que te da la capacidad de crecer. El país que no aumenta hasta niveles de 25%, 26% o 27% lo que invierte en relación con lo que produce no puede aspirar a crecer más de 3% anual. Creciendo al 3% anual nunca te vas a convertir en un país desarrollado. El capital es lo más cobarde que hay. Después de vivir en Argentina los últimos 50 años, nadie toma la decisión de invertir en dos meses porque viene un gobierno y te lo pide. Lo estarán midiendo, lo estarán evaluando, se estarán convenciendo. Se verá sobre la marcha la capacidad para convencer a la sociedad con esta agenda. Los que quieren invertir te piden señales tan fuertes que significan, de pronto, tener que desviar recursos de la inclusión social a la inversión. Si vos desviás recursos de la inclusión social a la inversión, entrás en una zona de fortísimo riesgo político.

¿Cómo será el crecimiento de las energías renovables en el país?

Las empresas energéticas líderes iniciaron hace unos años sus procesos de transformación y transición para convertirse en organizaciones con crecimiento sostenible y generación de energía cada vez más eficiente. Son varias las empresas internacionales que están en búsqueda de proyectos para incrementar su participación que estos negocios y, por ende, debemos esperar que esas firmas continúen con un fuerte crecimiento en los próximos años. Esto le otorga una oportunidad a nuestro país, que se debe aprovechar.

Sobre la industria petroquímica…

La industria petroquímica se ha constituido en uno de los sectores más pujantes del país; por sus características de inserción en otras cadenas productivas. El rubro petroquímico básico, sus intermediarios y finales son claves en el desarrollo de la competitividad del resto de la economía, constituyéndose en un importante eslabón del sistema productivo industrial. Hay pocas cadenas industriales que puedan identificarse con una inserción tan profunda en cada uno de los eslabones del aparato productivo. Los derivados de las materias primas petroquímicas son indispensables para asegurar la disponibilidad, calidad y preservación  en comunicaciones, salud, vivienda, vestimenta, alimentación, transporte y en general para casi todos los productos y servicios de la sociedad. No es poco.

¿Qué le dice la gente en la calle?

Me preguntan tres cosas con una inocencia que conmueve. Uno: “Había que hacer cambios, pero ¿no los podían haber hecho más despacio? Dos: ¿Salimos de ésta?, y 3: “Nunca tiran un centro para este lado”. ©

Interna y reactivación

“En Cambiemos hay una derecha retrógrada e ignorante que quiere más ajuste, pero también hay una derecha más lúcida cuya obsesión es que se ganen las elecciones legislativas de octubre. Esto supone una interna cuya discusión provoca más de un choque no sólo dialéctico. Creo que en el segundo trimestre llegará el efecto de la muy buena cosecha gruesa con un maíz que registrará una producción un 40% mayor a la del ciclo anterior; la soja se mantendrá en torno a 55 millones de toneladas, y también repetirá la recolección de girasol, por eso veo una producción total de cereales y oleaginosas récord de 126 millones de toneladas, sin considerar la parte de cosecha que no se introduce al mercado, porque se destina directamente a la alimentación de cerdos, pollos e incluso vacunos, que equivale al 18% de la cosecha de maíz. Se trata de un récord nacional. También impactará en el aumento del consumo de gasoil, de contrataciones de seguros y movimiento bancario; esto es lo que se llama ‘efectos de segunda ronda’, y la obra pública va a estar más extendida, respondiendo a la lógica de un año electoral; fenómeno que se va a juntar con la consolidación de la reactivación del consumo”.


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