Escasez de materias primas frena ampliaciones y hace perder competitividad a la petroquímica

Durante el invierno el sector operó al 50% de su capacidad por la falta de gas

Las empresas del sector denuncian la pérdida de competitividad por la escasez de materias primas, sobre todo de gas natural, que limita la producción y aumenta los costos operativos. Es por eso que la mayor demanda no es acompañada por inversiones en ampliaciones de plantas.

Que el árbol no tape al bosque. La frase popular bien podría aplicarse para definir el momento por el que atraviesa la industria petroquímica en el país. Con facturaciones crecientes por la reactivación del consumo interno, que subió en promedio por encima de un 7%, las empresas del sector cerrarán un 2010 con números en alza pero también con nubarrones que inquietan a la vuelta de la esquina.

Tanto las ventas de poliolefinas y de polietileno como de fertilizantes, las dos grandes ramas de la industria petroquímica, aumentaron significativamente por la recuperación de la economía argentina, que tras un 2009 complicado por la crisis internacional volverá este año a trazar la senda expansiva que transita desde 2004.

“Ha sido un buen año en general por el crecimiento de la demanda de productos petroquímicos”, afirmó Ignacio Noel, presidente de Petroken, productora de polipropileno.

En la misma línea, Rolando Meninato, presidente de Dow, señaló: “en lo que va de 2010 registramos un crecimiento de las ventas –medidas en volumen– de alrededor de un 8%”.

Sin embargo, los ejecutivos se apuraron a advertir sobre las incertidumbres que ponen en riesgo el futuro del sector. “Lamentablemente este año no se dispuso de suficiente materia prima y continuaron los aumentos de costos, lo cual afecta significativamente la competitividad de la industria”, cuestionó Noel. “La crisis energética que atravesamos es realmente muy grave, ya que no sólo afecta a las petroquímicas sino también al resto de la industria química, especialmente a aquélla que tiene algún grado importante de consumo energético”, agregó Meninato.

Es que la falta de gas durante el invierno fue un duro golpe para las productoras de poliolefinas básicas, como Dow y Solvay Indupa, dos pesos pesados. Sobre todo porque en abril, un mes antes de que comience el frío, las empresas avizoraban una temporada invernal sin demasiados contratiempos.

Pero la realidad mostró otra faceta, mucho más cruda. “Durante el invierno se trabajó en promedio al 50% de los valores máximos de producción”, indicó Jorge De Zavaleta, directivo de Dow y presidente del Instituto Petroquímico Argentino (IPA).

En busca de soluciones

Las opciones que se barajan son varias y disímiles entre sí: desde traer por barco su propio gas natural (en formato de GNL) hasta reemplazar lo más posible el consumo del fluido con otros insumos alternativos, como por ejemplo el etanol.

Lo que todas las empresas barajan son planes para ganar en eficiencia energética. “Nos propusimos lograr mayor eficiencia en cuanto a costos implementando cursos de acción que nos permitan lograr un aprovechamiento óptimo de los recursos no renovables y menor generación de residuos”, aseguró Roberto Elissamburu, gerente de Relaciones Institucionales de Solvay Indupa.

En Dow, en tanto, están evaluando reemplazar parte de su demanda de etano, uno de los derivados del gas natural, mediante la incorporación de etanol, producido en base a vegetales. “A futuro estamos explorando muchas alternativas, desde ser más flexibles en nuestro abastecimiento de materias primas hasta explorar la posibilidad de incorporar etanol a nuestra base de materias primas”, destacó Meninato.

La preocupación de las petroquímicas gira en torno a la pérdida de competitividad frente a otros grandes jugadores de la región, principalmente brasileños. Productores de esa bandera aumentaron en un 50%, por ejemplo, su participación en el mercado local de polipropileno en los últimos cuatro años. Hoy explican un 45%, cuando en 2005 no superaban el 30 por ciento.

“La falta de suministro de gas nos hace tener menor producción, a la vez que encarece nuestros productos generando una pérdida de competitividad en el mercado internacional”, alertó Noel.

Aumento de costos

El encarecimiento de los costos, tanto de los insumos relacionados con las actividades de operación y mantenimiento como de los salarios, complica la competitividad a largo plazo. “En la industria necesitamos una inflación controlada y una política que garantice a las industrias el suministro de recursos tales como gas, agua y energía eléctrica”, afirmó Elissamburu.

De ahí que, aunque no sea su actividad específica, dado que las petroquímicas ingresan aguas abajo en la cadena energética, los directivos del sector estén abogando desde hace tiempo por una revisión de la política oficial en materia de exploración y producción de hidrocarburos.

“Para garantizar un mediano-largo plazo sustentable de la industria petroquímica el Gobierno debería tratar de diversificar la matriz energética para quitarle presión al gas natural fundamentalmente”, propuso De Zavaleta, antes de agregar que “hay que definir un proceso de sinceramiento de tarifas energéticas tomando especial cuidado de proteger aquellos sectores de menores recursos que no podrían soportar un aumento de las facturas”.

Sin embargo, las malas perspectivas de la extracción de petróleo y gas, que comparten curvas decrecientes en los últimos cinco años, frenan cualquier tipo de ampliación de capacidad instalada en el sector.

“El aumento de los costos y la falta de materia prima vuelven imposible invertir para maximizar la capacidad”, afirmó Noel.

La escasez de gas provoca estragos en las empresas. Solvay Indupa y Dow, por caso, debieron importar a pérdida etano para evitar el derrumbe de su producción.

“Este año importamos más de 11 barcos de etileno (que suman más de 60.000 toneladas) para paliar el déficit de etano que sufrimos. Se trató de una solución no sustentable pero que este año ayudó”, se sinceró Meninato.

Es que, a pesar de pagar precios diferenciales para asegurarse el fluido, cada invierno el Gobierno limita su oferta a fin de priorizar el abastecimiento del sector residencial. No importa que las empresas paguen hasta seis dólares, tres veces más que el valor promedio de mercado, para contar con el recurso.

Por eso, por más que todas tengan estudiados proyectos de ampliación, dado que el crecimiento del mercado los requiere, las compañías apuntan por ahora a mantener operativa su capacidad instalada.

Aun así, y a pesar de que lo que prime sea preocupación para despejar la incertidumbre que aqueja sobre varios puntos centrales de la industria, algunos mantienen el optimismo. “Con decisiones de Estado adecuadas estamos en condiciones de ser grandes exportadores”, concluyó Elissamburu.

Compartir