El desempeño ambiental argentino, en su peor hora

Según el Environmental Performance Index 2014

El país descendió ni más ni menos que 43 puestos en un ranking mundial elaborado cada dos años por las universidades de Yale y Columbia. Cayó desde la ubicación 50⁰ hasta la 93⁰, entre 178 naciones evaluadas. Presenta graves déficits en la preservación de sus áreas forestales y marinas.

La Argentina experimentó una abrupta caída en la edición 2014 del Environmental Performance Index (EPI), lanzado en el marco del último Foro Económico Mundial de Davos. Con un score final de 49,55 puntos (sobre 100), el país descendió 43 posiciones, desde el puesto 50⁰ hasta el 93⁰. Se trata –por lejos– de su peor ubicación desde que las universidades de Yale y Columbia elaboran este ranking bianual.
Las mayores debilidades del desempeño ambiental argentino estriban en su falta de control forestal (rubro en el que fue calificado con 0 unidades sobre 100), el escaso tratamiento de las aguas y efluentes (11,75/100), el bajo nivel de protección de sus recursos pesqueros (15,68/100) y su inacción en materia climática y energética, tomando en cuenta su uso de carbón, su suministro eléctrico y sus emisiones nocivas por kilowatt generado (16,79/100).
Mientras que las calificaciones obtenidas en términos de hábitat y biodiversidad –es decir, las áreas protegidas a nivel terrestre y marino– (44,88/100), agua y cuidado sanitario –vinculadas con el acceso al suministro hídrico y a hospitales– (75,7/100) y salud –mortalidad infantil– (85,07/100) fueron relativamente aceptables, el país se lució en dos áreas específicas: la agricultura –según variables como la política de subsidios al sector y la regulación de los pesticidas– (donde cosechó 96/100, la calificación más alta a nivel global) y la calidad del aire (99,64/100, la 10º mejor valoración).
Según el estudio, el país registró un puntaje 0,41% más bajo que el promedio regional, y un 5,54% por debajo de lo que ameritaba el crecimiento de su Producto Bruto Interno (PBI). “Latinoamérica y el Caribe exhibe, como bloque, un buen desempeño ambiental en agricultura y salud, con la Argentina y Chile liderando ambas categorías. Estas naciones, de todos modos, muestran los peores rendimientos en el ámbito forestal. Día a día se registran enormes pérdidas de superficies forestales en la Argentina, Belice, Guatemala, Nicaragua y Paraguay”, puntualiza el EPI 2014, en el único párrafo donde se hace una referencia explícita a la ambivalente performance nacional.

Predominancia europea

Con 87,67 unidades, Suiza volvió a liderar el listado, secundada en el podio por Luxemburgo (83,29) y Australia (82,4). Completaron un top-10 con clara predominancia europea Singapur (81,78), República Checa (81,47), Alemania (80,47), España (79,79), Austria (78,32), Suecia (78,09) y Noruega (78,04), en ese orden.
El país latinoamericano mejor ubicado fue Chile, que recién figuró en el puesto 29⁰, con 69,93 puntos. Luego se posicionaron Ecuador (53⁰, con 58,54), Costa Rica (54⁰, 58,53), Jamaica (55⁰, 58,26), Venezuela (57⁰, 57,8), Panamá (58⁰, 56,84), Cuba (64⁰, 55,07) y México (65⁰, 55,03), entre otros.
Para superar a la Argentina no les hizo falta obtener grandes puntuaciones a naciones vecinas como Uruguay (70⁰, 53,61), Brasil (77⁰, 52,97) y Bolivia (87⁰, 50,48). Dentro de la región, los peores desempeños estuvieron a cargo de Perú (110⁰, 45,05), El Salvador (115⁰, 43,79), Paraguay (133⁰, 39,25), Guyana (137⁰, 38,07), Grenada (147⁰, 35,24) y Haití (176⁰, 19,01).
Con respecto a las grandes potencias globales, el Reino Unido se colocó en el 12⁰ lugar, con 77,35 unidades; Japón fue 26⁰, con 72,35; Francia, 27⁰ (71,05); Estados Unidos, 33⁰ (67,52); Rusia, 73⁰ (53,45), y China, 118⁰ (43).

Valiosa herramienta

El EPI establece diversas metas relacionadas con la protección del medio ambiente y califica de 1 a 100 cuán cerca se encuentra cada estado de alcanzarlas. Las referencias que se consideraron en cada categoría fueron brindadas por diversos organismos internacionales, tales como el Banco Mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
En palabras de Daniel Esty, director del Centro de Políticas y Leyes Ambientales de Yale, un rendimiento ambiental confiable resulta cada vez más importante a la hora de implementar políticas de cooperación a escala mundial. “Gracias al EPI es posible efectuar un acercamiento más riguroso y analítico sobre la realidad ecológica internacional para favorecer la toma de decisiones en esa dirección”, añadió.
Según Jay Emerson, profesor de Estadísticas en Yale y uno de los principales responsables de la confección del EPI, la disponibilidad de información de alta calidad –combinada con el análisis estadístico adecuado– puede servir a los gobiernos para identificar problemas y desafíos a fin de elevar la efectividad de sus inversiones en cuidado ambiental. “La utilidad de las conclusiones que emergen de este trabajo depende de la fiabilidad de los datos con los que fue elaborado. Por eso, de cara al futuro estamos comprometidos a seguir mejorando la excelencia de la información con la que nos manejamos”, prometió. ℗

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