Bob Fryklund, estratega en Upstream de IHS Markit

“El Cono Sur necesita una mayor integración energética”

Más allá del mayor protagonismo de las energías renovables, durante los próximos 10 años seguirá creciendo fuertemente la demanda gasífera en la región, según las estimaciones de IHS Markit. Es por ello que Bob Fryklund, Chief Strategist de Upstream en la consultora, destaca la importancia de desarrollar los recursos de Vaca Muerta.

Para analizar la situación de la oferta petrolera a nivel global hay que observar el comportamiento del denominado G5, compuesto por los cinco países del Golfo Pérsico (Arabia Saudita, Irán, Irán, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos) que tienen incidencia directa sobre la cotización del barril, pero también el desempeño de Rusia, cuya producción viene desacelerándose, y el de Estados Unidos, cada vez más influyente en este negocio. Así lo cree Bob Fryklund, Chief Strategist del área de Upstream de IHS Markit, quien disertó durante la 36⁰ Reunión Anual Latinoamericana de Petroquímica.
“Hasta hace poco se pensaba que si la Organización de Países Exportadores de
Petróleo (OPEP) recortaba los precios, la producción de Estados Unidos caería.
Eso no sucedió. Por el contrario, fuimos testigos del mejor ejemplo de eficiencia productiva en el mundo”, destacó durante el evento organizado por la Asociación Petroquímica y Química Latinoamericana(APLA).
Según sus palabras, hoy la oferta norteamericana es la más flexible del planeta, con excepción de Medio Oriente. “Y su competitividad no se limita a la explotación de petróleo, sino también a la extracción de gas”, resaltó.
Por otro lado, indicó, la capacidad extra de producción de la OPEP y Rusia (que en buena medida les permite manejar el mercado) se está achicando con el paso del tiempo. “Actualmente se sitúa por debajo de los 2 millones de barriles. Y más allá de 2018 ese número será inferior, lo que equilibrará el ajuste del mercado”, vaticinó.
En cuanto a la producción afectada por conflictos, precisó que la mayor parte se sitúa en Libia, Nigeria, Siria y Yemen. “Por estos días hay 2 millones de barriles fuera de línea. Habrá que ver qué sucede cuando ese volumen entre en el mercado, lo cual nos da una idea de su fragilidad relativa”, admitió.
En la vida cotidiana, expresó, se verifica la existencia de una gran oferta de hidrocarburos, lo que por lógica debería trasladarse a los precios. “Aunque los más de 350 millones de barriles en circulación se están reduciendo, a largo plazo hay inversiones por u$s 2.000 millones que ingresarán al juego”, anticipó.
A su entender, los nuevos proyectos que están llegando y sobre los que se están tomando decisiones de inversión final intentarán cerrar una brecha de 6 millones de barriles diarios prevista para 2021. “En esa dirección, las compañías están empezando a retomar sus inversiones importantes, pero este proceso demandará un tiempo. Todo indica que no será suficiente la capacidad adicional ni la entrada de los barriles en conflicto para compensar eso”, avizoró.

Fryklund:
“Será vital aumentar la competitividad en Vaca Muerta. Para ello se necesitan más inversiones. Calculo que precisamos alrededor de u$s 8.000 millones por año. La puesta en valor del reservorio es cuestión de tiempo, dinero y mano de obra”

 

Gas abundante

A decir de Fryklund, la producción petrolera latinoamericana está en declive. “Eso no es ningún secreto. Los casos de Venezuela y México son ejemplos de esa caída. El gran desafío será, justamente, reemplazar la menor disponibilidad de crudo regional”, advirtió.
Hay que agradecer, añadió, por el Pre-Sal de Brasil, por el reservorio no convencional Vaca Muerta en Argentina y por la apertura del mercado mexicano. “Pero la verdad es que estamos luchando por sostenernos, y en el futuro cercano las importaciones seguirán desempeñando un papel relevante”, pronosticó.
En el plano petrolero, aseveró, los analistas suelen poner el foco en la oferta y no tanto en la demanda. “Lo cierto es que hay que analizar bien la intensidad del consumo y los nuevos comportamientos. La clave es la movilidad”, señaló.
Un 55% del crudo que se consume, detalló, va directamente al transporte, segmento que está expresando grandes cambios. “Al desafío que supone un servicio como Uber debe sumarse el auge de compartir viaje y la creciente tendencia de dejar de comprar automóviles entre los jóvenes”, agregó.
El panorama gasífero, en cambio, se basa en la abundancia y en la accesibilidad del precio. “Estados Unidos ofrece, por caso, 800 trillones de pies cúbicos (TCF) a u$s 3
o menos por millón de BTU”, ejemplificó.
Si bien la demanda está creciendo, apuntó, sigue sobrando gas, lo cual resulta una buena noticia para la industria petroquímica. “Asimismo, está en alza el negocio de los gases licuados en distintas partes del mundo”, completó.

Fryklund:
“Si bien la demanda está creciendo, sigue sobrando gas, lo cual resulta una buena noticia para la industria petroquímica. Asimismo, está en alza el negocio de los gases licuados en distintas partes del mundo”

 

Desafíos a sortear

De acuerdo con Fryklund, aunque el Cono Sur presenta una demanda gasífera muy fuerte (liderada por la Argentina), todavía necesita mayor integración energética. “De cara al futuro, el crecimiento del consumo se vislumbra modesto, ya que las fuentes renovables están ganando cada vez más protagonismo”, sostuvo.
De todos modos, estimó, seguirá acrecentándose la demanda hasta 2026. “Por eso es tan importante Vaca Muerta, además del incremento de la producción de Bolivia y que Brasil avance en el segmento”, enfatizó.
Otra cuestión clave, apuntó, es dar la discusión de los subsidios. “Vaca Muerta todavía está en sus comienzos. Y sigue habiendo espacio para las fuentes renovables y para los gasoductos. En definitiva, queda mucho por hacer”, opinó.
Será vital, insistió, aumentar la competitividad. “Para ello se necesitan más inversiones. Calculo que precisamos alrededor de u$s 8.000 millones por año para desarrollar Vaca Muerta. Su puesta en valor es cuestión de tiempo, dinero y mano de obra”, consideró.
Hay, desde su perspectiva, nuevos factores que inciden sobre el precio de la energía. “No pueden obviarse los cambios políticos, como el Brexit o el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, la implementación de medidas climáticas a tono con el Acuerdo de París, y los conflictos geopolíticos en Medio Oriente y el norte de África”, afirmó.
Específicamente en relación con el cambio climático, indicó, hay que imaginar distintos escenarios posibles de cara a 2040. “Hoy los hidrocarburos representan un 81% de las fuentes de energía del mundo, mientras que los recursos alternativos implican el 19% restante. Pero esas proporciones podrían variar de manera abrupta. Dejar de usar hidrocarburos por completo tendría un efecto drástico en todas las industrias relacionadas. No significaría el final de la actividad petroquímica, pero sí cambiarían mucho los
precios”, concluyó. ©

 

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