Científicos apoyan una ley de hidrógeno y solicitan más inversiones

A fin de promover el uso energético del vector en el ámbito local

El científico Miguel Laborde –representante de la UBA, coordinador del comité arbitral de la Revista Petroquímica, Petróleo, Gas & Química y miembro del comité de prensa del Instituto Petroquímico Argentino– afirma que el hidrógeno tiene mucho que aportar como combustible y como materia prima a la industria del país y advierte que por el momento los avances dentro del sector no trascienden el campo de la investigación.

Mientras el uso del hidrógeno como combustible y como materia prima de la industria química y petroquímica suscita un creciente interés en todo el mundo, en el medio local los avances en el rubro se limitan al campo de la investigación académica y científica.

Así lo entiende Miguel Laborde, titular del Laboratorio de Procesos Catalíticos (LPC) de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA), quien participó de la conferencia ‘Energías renovables. Nuevos negocios sustentables en la Argentina’, promovida por Revista Petroquímica, Petróleo, Gas & Química y El Inversor Energético & Minero.

Según el experto, hoy el transporte representa un 23% de la generación de emisiones de dióxido de carbono (CO2) en todo el mundo. “Desde un punto de vista técnico las energías renovables podrían sustituir a los combustibles fósiles y reducir en gran medida ese porcentaje”, añadió.

En ese sentido, señaló que en el corto y mediano hay que recurrir a todas las fuentes verdes. “En el largo plazo, en tanto, la generación solar resolverá todos los problemas energéticos de la humanidad”, vaticinó.

A su criterio, por estos días las fuentes limpias pueden contribuir con el cuidado ambiental y la sustitución de los carburantes tradicionales mediante la elaboración a gran escala de biodiesel y bioetanol. “No obstante, en el futuro ese aporte clave será desempeñado por el hidrógeno”, indicó.

En cuanto a otras posibles aplicaciones del vector, destacó su creciente utilización en las refinerías, en la industria alimenticia y en la síntesis del amoníaco. “Por ahora no se puede competir seriamente con las fuentes de energía de origen fósil. Para que ello sea posible se necesitará una mayor participación estatal, un respaldo a la conformación de consorcios público-privados y un cambio en el paradigma de generación energética. Pero se agoten o no los recursos fósiles hay que dejar de emitir CO2 a la atmósfera de una buena vez por el bien de las generaciones actuales y futuras”, sentenció.

Producción cautiva

De acuerdo con Laborde, el hidrógeno siempre está unido a otros átomos; es decir, nunca se lo encuentra libre en la naturaleza, por lo que resulta imprescindible utilizar energía para separarlo. En base a ello, existen cuatro tipos de hidrógeno: el negro (que se obtiene con petróleo y carbón), el gris (con metano), el verde (con biomasa) y el azul (con electrólisis del agua). “De todas maneras, por ahora sus costos de obtención son demasiado altos”, reconoció.

Asimismo, apuntó que se lo puede clasificar como centralizado (que alude al que se procesa en grandes plantas y se transporta mediante centros logísticos) o descentralizado (que remite al hidrógeno que se produce localmente y no demanda tanta infraestructura, por lo que puede emplearse tanto en un molino como en una casa).

En base a sus cálculos, hoy un 72% del consumo de hidrógeno corresponde a la demanda petroquímica y química. “Y de ese total un 50% está representado por el amoníaco, primer paso para la obtención de fertilizantes”, completó.

A nivel global, en tanto, el vector se produce mayoritariamente a partir de gas (en un 48%), petróleo (30%) y carbón (18%). Apenas el 4% restante se genera mediante el proceso de electrólisis, que admite la participación de fuentes renovables.

“Por otro lado, el 95% de la producción es cautiva, lo que significa que se consume en el mismo lugar donde se obtiene, sin necesidad de transportarlo”, agregó.

Posibilidades y limitaciones

El hidrógeno como combustible puede alimentar motores de combustión interna (para fuentes móviles) o pilas de combustible (tanto para fuentes móviles como estacionarias). Según Laborde, estas unidades son muy eficientes para la conversión de energía química en eléctrica, además de que resultan confiables, silenciosas, no contaminantes, permiten la energía distribuida y proveen volúmenes energéticos continuos. “Hoy las pilas de hidrógeno tienen un costo de 73 dólares por kilowatt/hora producido”, precisó.

Como combustible vehicular, por su parte, comentó que las pilas ofrecen alta densidad energética en base másica, gran potencia y autonomía, alta disponibilidad, limpieza y protección del entorno, ya que su único subproducto es el agua. “Como contrapartida, requieren -hasta el momento- de grandes y pesados tanques de almacenamiento que generan fisuras en algunos aceros y resultan difíciles de transportar”, admitió.

Otras eventuales aplicaciones se vinculan con la construcción de nuevas viviendas y submarinos nucleares, área en la que se destacan Alemania y España. “En la Unión Europea, Estados Unidos y Japón hay importantes consorcios público-privados trabajando en el sector, sobre todo en la construcción de rutas equipadas con estaciones de servicio proveedoras del vector y vehículos dotados con pilas de combustible. Y en San Pablo (Brasil) ya circula el primer ómnibus del mundo que funciona en base a hidrógeno”, puntualizó.

Con respecto a la Argentina, insistió en que el énfasis está puesto en la investigación. “El tema es de prioritario interés para el Ministerio de Ciencia y Tecnología, y ha motivado interesantes estudios en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la UBA. No obstante, falta reglamentar una ley propia y todavía el apoyo empresarial resulta limitado, salvo por el caso de Enarsa y un par de honrosas excepciones”, explicó.

Resaltó, en ese sentido, un proyecto de planta piloto de producción de hidrógeno para alimentar una pila de combustible de un kilowatt a partir del etanol, y otro para desarrollar y patentar la tecnología y los catalizadores de producción hidrogenada mediante esa misma materia prima renovable.

Compartir