Bolivia entra al campo de la energía nuclear

Lo hará con fines netamente pacíficos

Construirá su primer reactor atómico. La Argentina es una de las naciones dispuestas a colaborar con el proyecto, considerado una prioridad estratégica por el presidente Evo Morales, quien en octubre podría ser elegido para ejercer un tercer mandato.

Bolivia, el país más pobre y con menor desarrollo tecnológico de Sudamérica, sorprendió al mundo con un anuncio por demás ambicioso: el presidente Evo Morales confirmó su decisión oficial de dar los primeros pasos en el ámbito de la energía nuclear. Si bien la nación vecina ya venía coqueteando con esta idea, su escasez de tecnología de punta y su falta de profesionales especializados suscitaba un fuerte escepticismo dentro de la comunidad atómica global, sobre todo teniendo en cuenta que hay apenas tres países latinoamericanos con trayectoria en el segmento: la Argentina, Brasil y México.
Sin embargo, durante un flamante acto dirigido a militares en la región central de Cochabamba, Morales aseguró que la posibilidad de promover la producción nuclear con objetivos médicos y energéticos no resulta para nada utópica. “No estamos lejos, de acá a poco tiempo, de obtener energía atómica con fines pacíficos, porque disponemos de suficiente materia prima y tenemos derecho a aprovecharla”, sostuvo el mandatario, quien lamentó que algunos sectores critiquen la iniciativa y crean que la generación nucleoeléctrica deba ser manejada única y exclusivamente por las grandes potencias.
Consultado por este medio, Hernán Vera, asesor del Instituto Boliviano de Ciencia y Tecnología Nuclear, anticipó que la idea es instalar una planta de generación nucleoeléctrica y a la vez avanzar en aplicaciones para la medicina y las industrias minera e hidrológica, para lo cual primero deberán darse ciertas condiciones específicas. “Inicialmente habrá que formar a nuestros propios profesionales en el exterior, adaptar nuestra legislación al rubro y fomentar las aplicaciones no energéticas para campos como la medicina o el medio ambiente”, enumeró.
A su criterio, uno de los mayores retos a sortear será el financiero. “No obstante, los incentivos para lograrlo son también enormes: apuntamos, ni más ni menos, a reducir nuestra independencia energética del país, diversificar nuestra matriz y disminuir el impacto sobre el medio ambiente. Para Bolivia, contar con energía nuclear no es un tema urgente, pero tenemos que prepararnos para un futuro altamente complejo y desafiante”, indicó.

Ayuda argentina

A decir de Morales, tal como lo establece la Constitución, Bolivia no es un país guerrero. “Nuestras intenciones son totalmente pacíficas. No vamos a alentar conflictos y no somos invasores, pero por supuesto que tenemos derecho a defendernos si hay alguna agresión y provocación territorial”, aclaró.
Según sus palabras, el desarrollo nuclear figurará entre las principales metas de evolución económica y social que Bolivia espera alcanzar para 2025, cuando se celebre el bicentenario de su fundación. “Los países desarrollados no son los únicos que pueden desarrollar esta clase de energía y nadie nos puede privar de acceder a dicha tecnología”, manifestó.
En ese sentido, recordó que varios estados han ofrecido su ayuda, como es el caso de la Argentina y Francia, que tienen sobrada experiencia en la materia. “Desde el mes de octubre del año pasado empezamos a trabajar, de manera reservada, con profesionales de esos países”, reveló. Debe recordarse que en octubre de 2010, Morales selló un acuerdo de colaboración con Irán, tendiente a impulsar la instalación de una central atómica en suelo boliviano, que finalmente no prosperó.
Con la Argentina, en tanto, Bolivia suscribió un convenio de capacitación nuclear en los años 70, el cual fue revitalizado en mayo del año pasado, durante una visita a Tarija del ministro de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, Julio De Vido.
Aunque aún no ha certificado sus reservas de uranio, Bolivia podría albergar dicho recurso en los departamentos de Potosí, al sudoeste de su territorio, y Tarija, al sur. El país posee uno de los mayores reservorios de gas natural del planeta, y viene impulsando una firme política de industrialización del fluido. Asimismo, acaba de lanzar al espacio –con ayuda china– un satélite de comunicaciones, y planea poner en órbita una segunda unidad tendiente a promover la prospección minera y petrolera.

Dirección opuesta

La determinación boliviana de avanzar en el desarrollo de su potencial nuclear se contrapone con el retraimiento de Chile y Uruguay, otros dos países del Cono Sur que venían estudiando esta alternativa. Luego del desastre de Fukushima, en Japón, sus proyectos quedaron en stand by, lo que resulta aún más entendible en el caso chileno, dado el alto nivel de sismicidad de buena parte de su territorio.
Incluso un país como Brasil –con dos centrales nucleoléctricas en funcionamiento (Angra I y II) y una tercera en construcción (Angra III, cuya inauguración oficial se prevé para 2016)– decidió dar marcha atrás con sus planes de expansión en el sector. Si bien el gigante del Mercosur tenía pensado instalar otras cuatro plantas para 2030 (dos en el sudeste y dos en el noreste), Mauricio Tolmasquim, presidente de la Empresa de Investigación Energética, entidad afiliada al Ministerio de Minas y Energía, calificó como “poco probable” que esas iniciativas se materialicen. “En lugar de ello, concentraremos nuestros mayores esfuerzos en impulsar el desarrollo del segmento eólico”, aseguró.
El inicio del proceso licitatorio para las cuatro nuevas centrales estaba programado para el año pasado. “No puedo decir que abandonaremos esos planes por completo, pero sí que en estos momentos no es prioritario reanudarlos”, agregó el funcionario. ℗

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