A pesar del freno en la economía continúa en alza la demanda de naftas

El año pasado se vendieron más de 900.000 vehículos en el país

Si bien la demanda de gasoil se desaceleró en enero como consecuencia de la sequía que afectó a parte de la Pampa Húmeda, el consumo de naftas se incrementó un 10,7% durante el primer mes del año. La aceleración de la demanda podría obligar a gastar más dólares para importar combustibles.

Aunque varios indicadores –construcción, actividad industrial, recaudación de IVA y performance del sector automotriz– den cuenta de una incipiente desaceleración de la economía argentina en los últimos meses de 2011 y en el primer bimestre del año, el consumo de combustibles en surtidores continuó por un sendero alcista.

Si bien la demanda de gasoil –el principal carburante de país– se ralentizó como resultado de la fuerte sequía que afectó a buena parte de la Pampa Húmeda y redujo los requerimientos del sector agropecuario, la demanda de naftas se mostró pujante: se expandió más de un 10% en enero, según datos de la Secretaría de Energía.

Las ventas de gasoil grado 2 (normal) y premium sumaron, en conjunto, 1,115 millones de metros cúbicos (MMm³) durante el primer mes de 2012, con lo cual se mantuvieron casi invariantes con relación a las del mismo período del año pasado (1,134 MMm³). El descenso fue de apenas el 1,68%, fundamentalmente por la menor demanda de los productores agropecuarios, que se quedan con alrededor de un 25% del combustible que se consume en la Argentina.

Su contracara fueron las naftas, cuyo consumo volvió a crecer –al igual que en los últimos tres años– a ritmo veloz. Se vendieron, en total, 649.582,6 m³ de súper, común y premium durante enero, un 10,7% más que en el mismo mes de 2010 (586.317 m³). La demanda de súper se expandió un 9% y la de premium saltó 23 puntos porcentuales de la mano de la venta de autos de alta gama.

El patentamiento de 900.000 autos nuevos en 2011 –que posiciona al país como el mercado donde más autos nuevos se venden respecto de la cantidad de habitantes de toda Latinoamérica– continuará acarreando una mayor demanda en surtidores. Se trata de un fenómeno que preocupa al Gobierno porque obligará a elevar las importaciones de derivados del petróleo, uno de los principales motores de la fuga de dólares que obsesiona al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Es que las importaciones energéticas –gasoil, fuel oil, electricidad y, sobre todo, gas desde Bolivia y LNG– le costaron al país más de u$s 9.300 millones el año pasado.

En aumento

En ese sentido, la Dirección de Combustibles de la Secretaría de Energía ya autorizó a las cuatro principales refinadoras del país –YPF, Shell, Petrobras y Esso– a importar sin impuestos casi 1,25 MMm³ de gasoil, el derivado del crudo más requerido en la Argentina.

La aceleración de la importación de diesel es vertiginosa: el cupo permitido por la cartera que dirige Daniel Cameron debería cubrir las necesidades de las petroleras durante el primer cuatrimestre. En ese mismo período, pero de 2011, las compras fueron de 610.892 m³ de gasoil; es decir, apenas la mitad.

Según detallaron a este medio en un despacho oficial, YPF –la principal compañía, con un 60% del mercado de surtidores– recibió el aval para traer al país 600.000 m³, la mitad de lo autorizado. Pero la petrolera de Repsol controlada por la familia Eskenazi tiene problemas para pagar esos volúmenes por la incapacidad para acceder a las divisas necesarias debido a los controles en el mercado cambiario, según denunció la compañía en febrero, advirtiendo, a su vez, sobre un posible desabastecimiento del mercado local en el caso de no poder concretar las compras.

La anglo-holandesa Shell, que mantuvo serios encontronazos con el Gobierno por la política de precios controlados defendida por el kirchnerismo –la mayoría de las disputas todavía está vigente en la Justicia–, solicitó autorización para importar 160.000 m³ de gasoil, en tanto que Esso –que está cerrando su venta a Bridas, de la familia Bulgheroni y la china CNOOC– obtuvo el aval para traer cantidades similares desde el exterior.

El año pasado las petroleras importaron, en total, 1,994 MMm³ de gasoil, según datos oficiales. Es decir, apenas un 30% más que lo que traerán en los primeros cuatro meses de 2012. El diesel que viene del exterior es, en gran medida, de buena calidad, tipo premium o grado 3. En 2011 un 70% del combustible importado (1,24 MMm³) tuvo esas características. Las compañías argentinas –con excepción de Shell, que es la única que lo produce localmente– lo buscan porque cumple con las exigencias ambientales de reducir la cantidad de azufre en los combustibles.

Problemas estructurales

El escenario estructural del sector de refinación de crudo no ofrece garantías. Una serie de factores hizo del desabastecimiento de naftas y de gasoil una constante en gran parte de la Argentina. Las estadísticas dan cuenta de esa situación: en 2010 se vendió casi la misma nafta que 15 años atrás (6.500 millones de litros). Pero en 1995 el parque automotor estaba integrado por 5 millones de vehículos. Hoy, nuclea al doble (10 millones).

Además, al promediar los ‘90 se extrajeron de los yacimientos locales 45 MMm³ anuales de crudo. El año pasado se produjo un 20% menos (36 MMm³), por lo que las refinerías deben esforzarse para conseguir petróleos de tipo liviano (de buena calidad), más ricos en derivados medios (naftas y gasoil).

“Desde 1998, cuando se alcanzó el pico de la explotación de crudo, la tendencia de la oferta es decreciente, con lo cual los saldos exportables y el abastecimiento de las refinerías se está complicando”, explicó Jorge Lapeña, ex secretario de Energía durante el gobierno de Raúl Alfonsín.

A pesar de ese mar de fondo, el despacho de naftas en el mercado local creció entre enero y octubre un 13,2% con relación a los mismos meses del año anterior. Se comercializaron 5,507 MMm³ de gasolinas, contra los 4,86 millones en 2010, según datos de la Secretaría de Energía. Pero la capacidad instalada del parque refinador prácticamente no se modificó en los últimos 10 años. Las petroleras alegan que el congelamiento de los precios de los combustibles –que duró hasta principios de este año– no incentivó la ampliación de las refinerías. De hecho, los proyectos del de petróleo (destilación y distribución) que se barajan recién están dando sus primeros pasos. ℗

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